Tres claves para dominar la pereza

Recuperarse de un esfuerzo físico es relativamente fácil de solucionar. Basta con una buena alimentación, hidratación y, por supuesto, un sueño reparador. Sin embargo, existen ocasiones en que nos sentimos cansados y no encontramos una explicación. Despertamos sin energía, nos arrastramos de casa a la oficina y unas cuantas horas más tarde regresamos con las fuerzas justas para tumbarnos en el sofá. Aparentemente, nuestras rutinas son las de siempre. ¿Qué ha cambiado? ¿Es por la alimentación? ¿La falta de ejercicio? ¿Está en nuestra mano acabar con el cansancio y mantenerlo a raya? Y si es así, ¿cómo podemos hacerlo?

Esta fatiga que nos obliga a alterar los quehaceres diarios y adaptarlos a nuestro nivel de energía afecta cada vez a más personas. En esta época del año y en primavera suelen darse más casos, pero lo cierto es que se puede producirse a lo largo de todo el año.

Si eres una de esas personas que siente que se ha quedado sin pilas, en primer lugar, no te alarmes, existen numerosas técnicas y tiene a su disposición suficientes herramientas para recuperar el ritmo vital. Veamos algunas de ellas que se pueden  resumir así: “Lleva una alimentación equilibrada, practica ejercicio de forma regular y, sobre todo, intenta dormir bien”.

Ni un día sin ejercicio

Solo necesitas 12 minutos de ejercicio físico para cargarse de vitalidad y hacer frente sin problemas a su apretada agenda diaria. Lo ideal para reducir el estrés, despejar la mente y llenarnos de endorfinas es un entrenamiento cardiovascular como spinning, boxeo, bodycombat o bodypump a primera hora de la mañana. Pero una buena sesión de running también aumentará los niveles de energía.

Al acabar tu jornada laboral, después de un día repleto de actividades, obligaciones y preocupaciones, es importante que encuentres un momento para relajarte. Su cuerpo está cansado, y tu mente también. Nuestro sistema nervioso está diseñado para hacer frente a estímulos estresantes puntuales, no para niveles de estrés altos y prolongados. En estos casos, se adapta, pero con un gasto energético, fisiológico y mental, que puede pasarnos factura si no le ayudamos con actividades que nos reporten relajación y bienestar.  Algunos apuesta por el mindfulness, una técnica de relajación mental y corporal que, básicamente, consiste en escoger una posición cómoda, cerrar los ojos, concentrarse en la respiración y observar el movimiento de esta y de otros estímulos corporales. A lo largo de la sesión y a medida que lo practica con regularidad, la persona aprecia cómo va ganando una agradable sensación de bienestar, paz mental y vitalidad.

La alimentación es vital

Arroz integral, pasta integral, cuscús integral, quinoa y panes digestivos de espelta o centeno integral constituyen el estimulante ideal de cualquier dieta. Sin estos hidratos de carbono complejos, cualquier otro alimento estimulante solo servirá para un momento puntual, ya que son de efecto rápido y sin permanencia.

Además de los hidratos de carbono complejos, tenemos otros aliados que nos proporcionan energía, como el romero, el zumo de naranja, el kiwi y la granada o el chocolate, el regaliz y el café. Otra inyección de energía engañosa la encontramos en el alcohol, que produce un pico estimulante, seguido de cansancio y apatía, y en una dieta basada en alimentos crudos, como frutas y ensaladas, ya que disminuye la tonicidad muscular.

Para ganar la batalla al cansancio antes de pisar la calle, sería conveniente un desayuno energizante: Un vasito de zumo de kiwi seguido de un café largo de agua con un chorrito de leche de avena, una tostada de pan integral con tomate y un poco de aceite macerado con romero y sal; y un paseíto a buen ritmo mientras chupamos un trozo de regaliz negro.

Aprenda a serenarse

La sensación de agotamiento no solo tiene su origen en lo fisiológico, el cansancio también es una llamada de atención que nos avisa de que estamos acumulando más tensión de la que podemos gestionar.

Por eso, lo más importante es averiguar el origen de esa acumulación de emociones dañinas. Podemos autoevaluarse y analizar cómo pensamos para descubrir cuál es el problema emocional que se esconde detrás de la fatiga. El cansancio proviene de los pensamientos de nuestro cerebro.

Para combatir este estrés emocional y transformarlo en serenidad y optimismo, lo ideal es vaciar la mente antes de irnos a la cama. Terrasa recomienda utilizar la imaginación como arma contra el cansancio y para ello nos anima a incluir como rutina diaria este sencillo ejercicio:

  • Busque un lugar tranquilo y cómodo, donde nadie pueda interrumpirle.
     
  • Siéntese y haga tres respiraciones amplias. Junte las manos en su regazo y cierre los ojos.
     
  • Relaje la mente mediante la respiración.
     
  • Visualice un cine al aire libre. Repase todos los detalles: la pantalla, los colores, si está sentado en un coche, en una silla o en el suelo, si tiene calor o hace frío…
     
  • Continúe inhalando y exhalando lentamente.
     
  • Observe cómo en la pantalla se reflejan los acontecimientos del día, sus pensamientos y emociones.
     
  • Permita que se vayan haciendo borrosos hasta que desaparezcan completamente, dejando la pantalla limpia, como al principio del ejercicio.
     
  • Finalice con tres respiraciones profundas. Suspire y abra los ojos.

sin fuerzas

 

Fuente: elpais.com

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