El corazón a punto

Parece ser que los beneficios del running no dependen tanto de la velocidad, ni de la duración de la carrera, bastan cinco minutos al día, y no con demasiada aceleración, para reducir el riesgo de muerte por enfermedad cardiovascular hasta un 45%. Incluso en edades avanzadas el ejercicio intenso es capaz de transformar su salud: reduce la presión arterial y mejora el estado físico general.

Según las guías internacionales, y con el objetivo de prevenir enfermedades del corazón y mantener una vida saludable, se recomienda realizar 75 minutos de actividad física intensa a la semana. Esto significa poner al corazón entre el 60% y el 80% de la frecuencia máxima (220 pulsaciones menos la edad del individuo). Así, por ejemplo, en una persona de 34 años, su frecuencia máxima sería 140-150 latidos por minuto. Se puede conseguir corriendo, nadando, en bicicleta o con cualquier otro ejercicio aeróbico.

Se sabe que esos 75 minutos semanales ayudan a mantener al corazón sano. Lo que no estaba muy claro es si por debajo de ese tiempo también existen beneficios. Para esclarecer esta cuestión, un grupo de investigadores de la Universidad Estatal de Iowa (EEUU) han estudiado a 55.137 personas cuyas edades oscilaban entre los 18 y los 100 años. Durante un periodo de 15 años, los científicos analizaron si había asociación entre el running y la longevidad. Lo hicieron con la ayuda de los datos extraídos de un cuestionario que rellanaron los participantes sobre sus hábitos a la hora de hacer ejercicio.

En el transcurso del trabajo, publicado ahora en la revista Journal of the American College of Cardiology, murieron 3.413 personas por varias causas, 1.217 de ellas relacionados con enfermedad cardiovascular. Examinando estos datos, en comparación con los no corredores, los runners tenían un riesgo 30% menor de muerte prematura por cualquier causa y un riesgo 45% menor de muerte por enfermedad cardiovascular o derrame cerebral. Además, los corredores vivían una media de tres años más que sus congéneres.

Estos resultados son muy relevantes desde el punto de vista de la salud pública, ya que se puede transmitir un mensaje optimista: Ni hace falta hacer tanto ejercicio ni es necesaria una velocidad importante. El trabajo demuestra que los participantes que corrían menos de 51 minutos a la semana, o sólo una o dos veces cada siete días, y a menos de 10 kilómetros por hora (correr a 8 km/h es como andar muy rápido) tuvieron menos probabilidades de sufrir muerte prematura en comparación con quienes no corrían.

Quienes corren menos de una hora a la semana tienen los mismos beneficios en la mortalidad que los corredores que que hacen más de tres horas a la semana, por lo que correr más y más rápido no es sinónimo de mejor salud. Los beneficios fueron los mismos, independientemente del sexo, la edad, el índice de masa corporal, las condiciones de salud, el tabaquismos o el consumo de alcohol.

En definitiva, y dadas las conclusiones, los investigadores apuestan por la promoción del running, tan importante como la prevención del tabaquismo, la obesidad o la hipertensión, y con la ventaja añadida de que no es necesario dedicarle ni mucho tiempo ni mucha velocidad.

Según muestra otro estudio que acaba de publicar la revista Journal of the American Geriatrics Society, los beneficios del ejercicio intenso tienen importantes ventajas sobre la salud incluso de los mayores. Así lo ha visto un grupo de expertos de la Universidad de Abertay (Reino Unido) al analizar la evolución de 12 pensionistas. Consiguieron reducir un 9% la presión arterial y notaron una significativa mejora en el desarrollo de sus actividades diarias, como levantarse de la silla o salir a pasear con el perro. Tenemos una población que envejece y si no nos animamos a ser activos, la carga económica va a ser astronómica. Muchas enfermedades, agregan los autores, están asociadas al comportamiento sedentario, como las cardiovasculares y la diabetes.

Fuente: elmundo.es

 

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