Peso

Cuando uno viaja a Estados Unidos, y pasa por un McDonald’s, puede encontrar una escena que es perfectamente familiar. En dos mesas en medio del salón dos madres rubias piel lechosa con sus granos rojos, ropa deportiva (joggings) manchada, gordas, tratan de controlar a su recua de hijos, todos menores de diez años, todos rubios, casi todos gordos, tres muy gordos. En una mesa al lado un matrimonio de negros imponentes, treintaytantos, cachucha de los yanquis él, pañuelo rojo ella, 120 kilos cada uno para empezar a hablar, alimenta a su bebé sentado en una silla alta: gordote, salpicado, ataca los trocitos de hamburguesa como enemigos de una vida previa.

Otra mesa, una abuela muy gorda, buzo de jersey turquesa con capucha, logo de una universidad, el pelo corto rubio mal teñido, anteojos, zapatillas, come nuggets de pollo con nieto y nieta de menos de seis años, flaquitos, divertidos. En las paredes, televisores sin sonido; suena música pop de los setenta. Un muchacho de 20 o 22, pantalón negro camiseta azul y negra gorra negra, anteojitos, acné, bastante gordo, limpia las mesas y resopla. Más allá dos mujeres muy gordas casi focas, blancas tipo italiano, no muy viejas, una con dientes otra sin, hablan con un hombre de barbita candado, gorra negra, mal afeitado, gordo pero movible todavía: al fin entiendo que la mujer con dientes es la hija, la sin su madre, el señor quién sabe. En el rincón del fondo están los jóvenes: dos varones, cuatro mujeres de 16 o 17, vaqueros, camperas abombadas, voces torpes. Un varón es muy gordo, el otro no; tres chicas son bastante gordas; una debe pesar más de cien kilos. Tiene los rasgos agradables, bien dibujados, hundidos en un mar de grasa: mejillas, párpados, papada.

Si hablas de las dietas con estas personas, te dirán lo mismo: "Las intenté todas, y lo único que conseguí cada vez fue la misma sensación de fracaso, de que no soy capaz. ¿Usted sabe lo que es chocar tantas veces con la misma pared?"

Por ejemplo, la ciudad de Binghamton, al norte del Estado de Nueva York, es una de las tres ciudades con más obesos de Estados Unidos: 37% de sus habitantes. Pero las cifras del país no son mucho mejores: 34,9% del total de americanos.

Hace 30 años no llegaban al 10%; ahora la obesidad es una epidemia que produce 120.000 muertes por año –y 150.000 millones de dólares de gastos adicionales en atención y medicina. La obesidad es una enfermedad de clase: un negro tiene 40% más de posibilidades de tenerla que un blanco. Es la obsesión más reciente de un país dado a las obsesiones nacionales.

La malnutrición de los pobres de los países subdesarrollados consiste en comer poco y no desarrollar sus cuerpos y sus mentes; la de los pobres de los países ricos consiste en comer mucha basura barata y desarrollar estos cuerpos desmedidos. No es sorprendente que sus políticos y técnicos se preocupen tanto por la obesidad; a diferencia de las demás formas de la malnutrición –que suenan africanas–, ésta sucede en sus ciudades, se paga con sus presupuestos.

Pero puede que lo más duro sea la conciencia del fracaso: no es fácil aceptar que su sociedad –la más poderosa del mundo– ha producido estas legiones de cuerpos descompuestos, que ya no pueden funcionar como personas. Esa cultura obesa, tan Simpson, tan Big Mac, tan Walmart, es el cadáver –rollizo, graso– en el ropero americano.

obesidad

La epidemia del sobrepeso y la obesidad avanza sin freno alrededor del mundo y ya afecta a unos 2.100 millones de personas en el planeta, casi un tercio de la población mundial. Así lo atestigua un estudio publicado este jueves en la revista médica The Lancet, que alerta de que, entre 1980 y 2013, los índices de obesidad en adultos han pasado del 28,8% al 36,9% en el caso de los hombres y del 29,8% al 38% en el de las mujeres de todo el mundo. El índice de masa corporal de personas con sobrepeso oscila entre 25 y 30, mientras que el de los obesos es mayor de 30.

El estudio, realizado por el Instituto de Mediciones Sanitarias (IHME, en sus siglas en inglés) de la Universidad de Washington, con datos de 188 países durante los últimos 30 años, confirmó un aumento “significativo y generalizado” de las personas obesas y con sobrepeso desde 1980, cuando la cifra total era de 857 millones. En 30 años, ningún país ha logrado reducir las cifras de obesidad.

En España, la obesidad o el sobrepeso afecta a un 27% de los varones menores de 20 años y a un 23,8% de las chicas de esa edad. En adultos, la cifra asciende hasta el 62,3% en hombres y el 46,5% en mujeres.

Los investigadores calculan que la epidemia causó 3,4 millones de muertes en 2010 y las expectativas tampoco resultan muy halagüeñas. Los estilos de vida modernos y el aumento de la renta disponible, sumado a la falta de estrategias efectivas por parte de los países para frenar la epidemia, asegura el estudio, agudizarán el problema: Las cifras se incrementarán a medida que aumentan los ingresos en países de renta baja o media.

Obesidad y sobrepeso

 

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